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El atractivo de las cartas y documentos postales es que cada uno representa un trozo de la historia esperando ser descubierto. La carta que aparece sobre estas líneas me llegó como una franquicia naval más de nuestra pasada Guerra Civil. Su estudio me permitió conocer la azarosa historia del acorazado ESPAÑA y descubrir que se procedía del último correo del buque, depositado en El Ferrol siete días antes de su hundimiento.

El acorazado ESPAÑA se botó el 7 de mayo de 1913, como ALFONSO XIII, teniendo como madrina a la infanta Isabel de Borbón, hermana del entonces rey de España. Después de participar en maniobras generales , su auténtico “bautismo de mar” fue la búsqueda en 1916 del contratorpedero “TERROR”, sorprendido por un fuerte temporal en plena travesía. En embajada de buena voluntad es enviado en 1920 a La Habana, como primer buque blindado español en entrar en Cuba tras la Guerra del 98.

La Campaña de Marruecos supuso su bautismo de fuego. En septiembre de 1921 interviene en las operaciones de la ocupación de Nador, y en 1922 bombardea Cabo Quilates, Beni-Urriaguel, Alhucemas y Temzan-man, recibiendo los primeros impactos artilleros que no causan víctimas.

El general Primo de Rivera escoge al ALFONSO XIII para seguir, entre los disparos enemigos, la operación crucial de la Guerra de Africa: el desembarco de Alhucemas en 1925, y envía desde su sala de comunicaciones un radiograma al rey comunicándole el éxito de la operación.

Acabada la contienda continua participando en numerosas maniobras navales junto con el JAIME I, hasta que en 1931 la llegada de la II República cambia su nombre y situación. Una orden ministerial lo rebautiza como ESPAÑA, para rescatar el recuerdo del gemelo perdido en la Campaña de Africa y hacer desaparecer toda referencia monárquica, y pasa a la situación de reserva, quedando amarrado en el Arsenal de El Ferrol convertido en Depósito de Marinería y perdiendo progresivamente su potencial artillero.

En julio de 1936, las fuerzas afines al Alzamiento forman una columna armada con tripulantes del ESPAÑA, amarrado frente al campo de deportes del Arsenal para que, junto a las compañías del Cuartel de Instrucción y del CERVERA tomen las dependencias de la Base Naval. Un motín de la marinería, afecto al Frente Popular dirigido por los suboficiales se hace con el buque pereciendo en medio de la confusión varios oficiales. Después de un fracasado intento de recuperar para la República las oficinas navales, los amotinados se refugian en el ESPAÑA, iniciando un intercambio de fusilería que no llega a mayores por carecer el acorazado de municiones para sus piezas artilleras. El día 21 los cerca de seiscientos hombres del buque de guerra se rinden al Capitán de Navío Francisco Moreno Fernández, y el ESPAÑA pasa a servir en la Armada Nacional.

El acorazado, con una nueva marinería, se puso a punto en pocas semanas, rescatando el uso de dos de sus bocas de 305 mm y seis de 101, pasando de la herrumbre e inactividad a ser pieza clave tanto para el bloqueo del litoral como para hostigar con sus piezas artilleras las instalaciones terrestres en manos republicanas.

Acompañado del VELASCO, en agosto de 1936 inicia una campaña por el País Vasco, incendiando los tanques de CAMPSA en Santurce y bombardeando objetivos terrestres en Guipúzcoa. El día 19 se desplazó a Gijón donde aún continuaba la resistencia del cuartel de Simancas, y de regreso a Ferrol recibe órdenes de patrullar por el Cantábrico

En los meses siguientes ESPAÑA y VELASCO capturan numerosos mercantes y pesqueros republicanos, entre ellos los asturianos APAGADOR y MUSEL, que se incorporan a la Marina Nacional como patrulleros armados, y buques de diversas nacionalidades con suministros, como el mercangte noruego “CARRIER”, detenido el 22 de enero de 1937 frente a Gijón.

El ESPAÑA sale bien librado de varios enfrentamientos: el torpedo procedente del submarino C-5 que lo alcanza por la popa no estalla, y los ataques de la aviación republicana frente a Guetaria y Santander no consiguen dar en el blanco.

En abril de 1937, y tras el intento fallido de captura del mercangte NASANCA HALL, rescatado por el crucero inglés BEAGLE recibe la orden de regresar a Ferrol donde se aprovisiona y zarpa en la que sería su última singladura. La tripulación, como es habitual deposita su correo el día de salida, 23 de abril, y justo una de esas cartas es la que encabeza estas líneas.

En el Cantábrico continua intentando capturar buques británicos, protegidos por navíos de la Royal Navy, cuando, a las siete y media de la mañana, cerca del cabo Mayor, choca con una mina, probablemente colocada por el minador nacional JUPITER pocos días antes. En menos de tres horas, y ante la vista de los santanderinos concentrados en el Sardinero, el ESPAÑA se hunde. Sus tripulantes, a excepción de los cuatro fallecidos por la explosión, logran pasar al VELASCO, meintras la aviación republicana lanza infructuosamente bombas y torpedos.

Desde su salida de El Ferrol la triulación continuó preparando las cartas para familiares y amigos, que debía haber sido trasladada al día sigueinte al VELASCO para su desembarco en la base coruñesa, pero parece ser que se perdió con el buque. Rafael Echegaray, en su libro “Alfonso XIII, un rey y sus barcos” señala que algunas cartas aparecieron entre los restos del naufragio y fueron expuestas en un céntrico comercio santanderino unos días después.
                        

 

José Pedro

 

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